Congreso Tuluseño

Y resurgió de las cenizas, no como el fénix sino como el ya frecuentado Gran Tigre de Girona, como lo llamaba ella en tono de risa.

¡Qué ganas tenía de volverlo a tener!

El verso catalán premonitorio de la víspera había disipado los espíritus parásitos y de censura que se le hubieran acurrucado en algún rincón, o grieta, o burbuja, o pelo, u ojos, o boca, o labios, o aliento…¡Ahyy, qué ganas le tenía!

No és el meu estil habitual però et vull dir que tinc ganes de ficarte-la i veure com t’agrada- le había  texteado la noche anterior.

Llegó, se juntaron y tanta era la ansiedad de pegar los cuerpos, que la impaciencia no le dio ni tiempo de echarle una ojeada detallada a la pera durante esta visita…solo quería sentirla en las bocas. No recordaba siquiera que hubiera lubrificado o no, solo le urgía  tenerla adentro, mirando la cara de su dueño y admirando la expresión de placer y control, mitad burlona mitad ¡sí, sí, síiii!….

” No es mi estilo habitual, pero quiero decirte que tengo ganas de que me la metas y que veas cómo me agrada ”

Y lo hicieron, y se fijaron los ojos, y se rieron el uno del otro y de sí mismos.

“ ¡Qué ganas de tenerte adentro nuevamente, qué ganas!” , le había dicho mientras partía.

24 horas más tarde y las paredes de su vagina se frotan preguntándose a dónde se fue, “a dónde te has ido…”